LA OTRA CARA DEL CAMPO ARGENTINO

Las familias campesinas de la Unión de Trabajadores de la Tierra

“con el apoyo técnico de la UTT comenzamos la transición de agroquímicos a lo agroecológico, a hacer los bioinsumos que ibamos necesitando para tener nuestros propios productos, aprendimos a hacer en nuestra propia casa los productos, o sea aprendimos a independizarnos del agroquímico”.

Bernardo Castillo
Productor agroecológico de la UTT. El Pato, Berazategui (22 de febrero de 2020)

Tuve la oportunidad de conocer personalmente la otra cara del campo argentino, a través de la experiencia de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), una organización social nacional que agrupa a familias de pequeños productores y productoras, de campesinos y campesinas, que reconociéndose como “esclavos del modelo de producción agrotóxico”, impulsan y van incorporando cada día hectáreas “bajo un modelo agroecológico y de tierra sana, para quien la produce, para quien consume, libre de trabajo explotado y de las multinacionales”[1]; y quienes bajo la organización, el trabajo y la lucha diaria, construyen otra realidad, en relación al sistema agroalimentario argentino. Vaya este artículo, como una forma de sistematizar su visibilización en el tiempo, su alcance y como esta va impactando en los circuitos de producción, comercialización y consumo, en comparación con el agrobussines instalado desde 1996 en el país periférico más al sur del continente, ese que según “alimenta a más de 400 millones de personas”, por el que se le ha denominado exageradamente “el granero del mundo”, y últimamente, el “supermercado del mundo”.

EL CAMPO ARGENTINO DEL AGRONEGOCIO TRANSNACIONAL

En los últimos tiempos, cualquier referencia al campo argentino a nivel mundial, generalmente es en relación a la Argentina que está en el top ten de los primeros países mayores productores y exportadores de alimentos del planeta[2], aquella que considera a su agroindustria el gran motor de desarrollo del país, porque efectivamente, representa el 61% de las exportaciones argentinas y por ende, el mayor ingreso de divisas a la nación; y que, ante el incremento de la demanda mundial de alimentos, el fin, es continuar evolucionando en materia de producción relacionada al agronegocio, a través de la tecnología que ejecutan las empresas nacionales y transnacionales que invierten y desarrollan el Know How, que les ha permitido convertirse en el tercer país en el mundo con mayor superficie sembrada de transgénicos[3], después de EEUU y Brasil[4].

Esta cara del campo argentino, mayormente conocido, es justamente el que no puede alimentar a toda la población argentina que ronda en 44 millones de habitantes, cuando se mide según la FAO[5], por la prevalencia de subalimentación, la cual se incrementaba en 2018 a 2,1 millones de personas, y aunque es considerado como un bajo nivel, al revisar el índice de prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave 2016 – 2018[6], alcanza a 14,2 millones de personas, esto es, sin acceso a alimentos por falta de recursos económicos o de otro tipo, en el “el país con mayor proporción de tierras aptas para la agricultura por persona en el mundo”. Iguales registros encontramos, si se tomaran los datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, revelando la inseguridad alimentaria total y severa, con un incremento del 21,7 % al 29,3% de los hogares, y del 9% al 13% en los menores entre 0 – 17 años, respectivamente, o sea, que 1 de cada 3 niños, niñas y adolescentes argentinos, sufren hambre[7]; o el Indec[8] que refleja como en el mismo 2018, la población cayó 30 % o más bajo la línea de pobreza, incidiendo negativamente en la seguridad alimentaria de la población local argentina[9].

Esta realidad, de este campo argentino, donde la categoría de un “pequeño productor” corresponde a lotes en promedio de 500 hectáreas, y cuyo modelo tecnificado requiere de sólo un hombre para su laboreo, implica miles de personas sin ocupación y sin medios de subsistencia, también de un fuerte proceso de pérdida de la pequeña propiedad privada y concentración de la tierra, limitando inclusive las producciones orgánicas en detrimento de la seguridad alimentaria de la población[10], pone en evidencia la contradicción en torno al agronegocio, que se promociona como el mesías que resolverá el problema del hambre en el mundo con la ayuda de los transgénicos; quedando demostrado que el logro de la autosuficiencia alimentaria, por sí sola, no acaba con el hambre dentro de cada país, si esta, no está acompañada por políticas que garanticen primeramente la alimentación a toda la población; y por otra parte, que la visión corporativa de las transnacionales, en torno a que, el crecimiento de la población, necesita mayor producción de alimentos, y además, lo hará de forma sustentable, es en sí, un negocio para controlar los circuitos de alimentos, los cuales estarán disponibles sólo para las poblaciones que cuenten con medios económicos para pagar por ellos. En consecuencia, ni siquiera la producción es para alimentar al mundo, por más que tripliquen las cosechas, la función del monocultivo es servir al control oligopólico de la cotización del grano[11].

LA OTRA CARA DEL CAMPO ARGENTINO: LAS FAMILIAS CAMPESINAS DE LA UTT.

La otra cara del campo argentino, es la que se representa en la UTT, entre otras organizaciones, que dentro del país se movilizan de una u otra manera para hacerle frente al modelo del agronegocio trasnacional.

Primeramente, hay que mencionar que Argentina es el país con mayor índice de población urbana del planeta, el 92% del total se concentra en cuatro centros urbanos, estando en la ciudad de Buenos Aires, su cono bonaerense y hasta la ciudad de La Plata el 35 % de su totalidad, o sea unos 16 millones de personas[12], es precisamente en este espacio territorial, donde nace la UTT, en el año 2009, y que con el transcurrir del tiempo, se extiende a 16 provincias del territorio nacional.

LA LUCHA POR LA TIERRA

La UTT, nuclea actualmente, a más de 17.000 familias campesinas, en 16 provincias del país, concentrándose en Buenos Aires 250 familias que producen de forma agroecológica, alcanzando por los momentos 300 hectáreas bajo este modelo de producción, cuyos pequeños productores y productoras, campesinos y campesinas, en su mayoría son arrendatarios de tierras, como forma de acceso a esta, de pequeños lotes (en promedio desde 1 hasta 3 hectáreas), modalidad que comienza en los años noventa, por parte en su mayoría, de campesinos de origen boliviano[13], y ubicados principalmente, en el cinturón hortícola platense, sin la posibilidad de sembrar frutales o cultivos perennes, por lo que su relación con la tierra, está asociada a cultivos de ciclo corto, como verduras y hortalizas.

Esta relación de propiedad, no sólo se puede encontrar en este cinturón, también se extiende a nivel nacional, por lo que la tierra, y el acceso a esta, es uno de los pilares de la organización, aunque particularmente evidenciada en esta franja hortícola, donde los arrendamientos han ido en aumento, a medida que fueron disminuyendo la amplia mayoría de propietarios productores que representaban el 75% de la superficie hortícola en la década del setenta; pasando del 67 % en 1988[14]; al 58 % en 1998; y tres años después 30 % menos[15].

Por otra parte, la importancia de este cinturón hortícola platense, radica en su aporte de alimentos frescos, que llega a una amplia porción de la población argentina, de hecho abastece a más de 14 millones de personas en el conurbano bonaerense y otras regiones del país[16], sin embargo, es en el plano del modelo de producción explotadora de las familias campesinas, la comercialización y consumo final, donde la UTT comienza a jugar un rol preponderante, permitiendo la visibilización de la otra cara del campo argentino en el sistema agroalimentario nacional.

Concretamente, en cuanto a tierras, la UTT propone la “Ley de acceso a tierras”, en el marco de un proyecto que contemple créditos blandos, para la adquisición de la misma, como forma de obtener la propiedad y el derecho de las familias campesinas a esta, en Argentina, muchos de ellos, hasta con 30 años de arrendamiento. También, suman la propuesta de la creación de “colonias agrícolas”, de las cuales ya está en marcha desde el 2015, la primera experiencia de ocupación exitosa en Jauregui, Lujan, sobre 65 hectáreas de tierras municipales abandonadas, donde se establecieron 55 familias, con acceso a la propiedad, y cabalgando ya, sobre el modelo de producción agroecológico; sin embargo, se suman otras propuestas como las llamadas Colonias de Abastecimiento Urbano, a través de comodatos municipales, para la producción de alimentos por localidades.

DE LA PRODUCCIÓN CONVENCIONAL A LA AGROECOLÓGICA

Bajo la modalidad de quinta, denominación reservada a la actividad productiva de hortalizas con propósito comercial en la República Argentina, gira la producción de las familias campesinas, asociadas en la UTT, que no sólo, alcanza el tema organizativo y de lucha por la tierra, desde el 2013 impulsó a través de parcelas demostrativas y con fuerza expansiva a partir del año 2015, la migración de la producción de forma convencional, a la agroecológica, manteniendo su acompañamiento y capacitación constante a las que aún no migran a este, de hecho, el fin es lograr el convencimiento de aquellos, cuya forma de producción dependiente de agroquímicos, ha realizado a lo largo de su vida, sin embargo, sólo podrá comercializar sus cosechas, a través de la unidad de comercialización, si su producción es realizada completamente bajo agroecología.

Una de las cosas que quizás aún no se pondera, es el tema de los invernáculos, cuyo modelo tecnológico está directamente relacionado a la alta demanda y dependencia de agroquímicos, sin  embargo, las familias campesinas productoras de la UTT, han logrado llevar adelante exitosamente, la producción en forma completamente agroecológica, bajo este tipo de cultivos protegidos.

LA CONSULTORA TÉCNICA POPULAR (COTEPO): LA INDEPENDIZACIÓN DEL AGROQUÍMICO

Repelente, fungicida, insecticida y fertilizante producido por la Consultora Técnica Popular de la UTT

Comenta uno de los pequeños productores campesinos de la UTT, que el apoyo de los técnicos de la organización, le ayudaron a hacer la transición del uso de agroquímicos a lo agroecológico, a hacer los bioinsumos que iban necesitando para tener sus propios productos, en su propia casa, y con ello a independizarse de la agricultura convencional, así como a no utilizar semillas transgénicas; de cuyo modelo adoptado afirma, que es igual de rentable[17], inclusive hay cultivos, donde los rendimiento son mayores.

Esta unidad técnica, conocida como COTEPO, es quien lleva adelante la capacitación, formación y acompañamiento en agroecología, cuyos técnicos, son los mismos campesinos, pequeños productores convencidos, que otro modelo de producción es posible; uno de los elementos a destacar es la formulación, elaboración y abastecimiento de los bioinsumos que se necesitan para la  fertilización, como fungicidas, repelentes y otros fermentados denominados bioles, supermagro, bocache, sulfopacha, entre otros; cuya producción inicial era limitada, destinada a abastecer sólo a los asociados en la UTT, sin embargo, la misma ha ido expandiéndose, en la medida que familias campesinas se incorporan directamente a la fabricación, por lo que comienza a comercializarse en los diferentes almacenes, y aunque aún no están disponibles a nivel nacional, pueden ser adquiridos por cualquier persona que quiera abonar sus plantas en algún balcón de Buenos Aires, el cono urbano bonaerense y La Plata. Y bajo mi apreciación muy personal, quizás en una Argentina, donde las transnacionales del agronegocio controlan el 100% de las semillas transgénicas y en diferentes rubros, avanzar hacia la conformación de un banco propio de semillas, quizás es un paso necesario.

COMERCIALIZACIÓN MAS JUSTA PARA EL PRODUCTOR

Desde el 2017, la UTT conformó la unidad de comercialización de toda la producción de alimentos, que de forma agroecológica comenzaron a obtener las familias campesinas, basado en otro modelo de distribución, ante la falta de regulación de precios de frutas y verduras, pérdida de la producción, y la realidad de esa otra cara del campo argentino, que nunca fue tomado en cuenta por el Estado, en medio de la aplicación de políticas neoliberales por el Gobierno de Mauricio Macri, que desataba una crisis alimentaria,  golpeando fuertemente a una parte de la población argentina.

El modelo de comercialización puesto en marcha, no es más que,hacer llegar los alimentos de la quinta productiva, sin pasar por los intermediarios y mercados concentradores, directo a los espacios minoristas, al consumidor.

Para las familias campesinas es más que esto, la comercialización de sus alimentos por la propia UTT, permitió fijar los precios de sus cosechas, mediante asambleas, por cada rubro, de acuerdo a su costo de producción, en comparación con lo que determina el mercado, generalmente con bajos precios a puerta de quinta (finca), mediante intermediarios que cargan sus camiones, sin informar el precio que pagará, para colocar un ejemplo de esta explotación, un cajón de tomates puede ser pagado al productor al precio, al cual se venderá un kilo de tomates en otras cadenas comercializadoras o supermercado; en otras palabras, le permitió acceder a un precio justo y fijo, que es ajustado cada seis meses, constante, e independientemente de las temporadas de producción, la inflación o el dólar.

Además, el agregado de la planificación agrícola de la producción en campo y la diversificación de los rubros, para ofrecer mayor variedad permanente de alimentos a los consumidores, y con ello, la garantía de mejores ingresos familiares al término de cada ciclo.

Otra de las ventajas, dentro de la organización, es el pago oportuno que recibe, como beneficio directo por su producción obtenida, y con ello, la transformación del sector que dejó de estar en la clandestinidad y la precariedad, pasando a ser un nuevo sujeto social que estaba invisibilizado, esa otra cara del campo argentino, que no se conocía, aun cuando es la garante de que la lechuga y el tomate, llegue a la mesa de cada familia.

Esta unidad dentro de la UTT, también ha permitido sumar alianzas con otras familias productoras, cooperativas u organizaciones en 16 provincias, como por ejemplo los productores de banana (cambur) de Salta, a los que se les garantiza sus precios fijos por 6 meses, independientemente de la temporada alta o baja de la fruta; o la Unión de Trabajadores Sin Tierra (UST), que a través de su planta envasadora en Mendoza, proveen a los almacenes de la organización de néctar, tomates enteros, entre otros, y con ello, suman a la diversificación de alimentos frescos (verduras y frutas), empaquetados y envasados, como harinas, cereales, miel, mermeladas, lácteos, etc, que se ofrece a los consumidores.

Venta de productos secos cooperativos y regionales en el almacén mayorista de la UTT, Avellaneda, Buenos Aires.

CONSUMO CONSCIENTE, SALUDABLE, SANO

Actualmente, la comercialización de alimentos producidos por la UTT, se ha expandido a los consumidores a través de siete almacenes[18], seis de categoría minorista y uno mayorista; la insipiente experiencia que se inició en 2017 en Esteban Echeverría, donde se expendía sólo verduras, sin frutas y otras variedades, por la situación de arrendamientos para el acceso a la tierra por parte de las familias campesinas; se ha convertido en una forma de consumir alimentos más saludables, sanos, a precios justos y contantes, para que el consumidor  pueda planificar sus gastos fijos en alimentación durante 6 meses; también se han incorporado pedidos al mayor, de comercios, restaurantes, emprendimientos, pequeñas empresas; incluso, han puesto en marcha la modalidad de nodos de consumo, que son compras comunitarias de bolsones agroecológicos, distribuidos a través de éstos semanalmente, y que a la fecha, al menos noventa se han conformado, sólo en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires.

Además, es preciso destacar los feriazos y verdurazos, donde se vende los alimentos aún más baratos, convertidos en una forma de lucha de la UTT, para lograr la visibilización de la otra cara del campo argentino, que son ellos, que producen alimentos y no tienen acceso a tierras, que vive en viviendas precarias, y a los que también la represión del Gobierno de Mauricio Macri, les llegó, sólo por el hecho de vender verduras baratas, y poner en evidencia, como la gente estaba pasando hambre en la Argentina que él denominaba “el supermercado del mundo”. Y si, por casualidad en algún momento pudiste ver la imagen de una anciana tomando unas berenjenas del suelo en Buenos Aires, en medio de uniformados, sepa, que eran las verduras de las familias campesinas de la UTT.

Ángela Teresa, recolecta berenjenas, tras la represión que impidió la realización de un verdurazo de la UTT, en la Cuidad de Buenos Aires el 15 de febrero de 2019. Foto de Bernardino Ávila

Y de esta lucha, han nacido los nuevos consumidores, que conscientes del modelo de producción agroecológica, compran alimentos agroecológicos, libre de agroquímicos, sin trabajo esclavo, libre de explotación, reconociendo a las familias campesinas trabajadoras de la tierra, como pieza fundamental garante de que los alimentos puedan llegar a su mesa, sabe de donde provienen, que detrás existe una organización social, que lucha por el derecho a la tierra y una mejor calidad de vida.

Para culminar, debo decir que esta Unión de Trabajadores de la Tierra, naciente en el 2009; que se puso al frente de los feriazos y verdurazos durante la crisis económica que inició el Gobierno de Mauricio Macri; que puso en evidencia la crisis alimentaria de un amplio sector de la población argentina, ante las interminables filas de consumidores que asistían para adquirir alimentos baratos que no podían pagar en otras cadenas comercializadoras o supermercados; que logró la visibilización de esa otra cara del campo argentino, no sojero, no de las transnacionales del agronegocio; es la misma que en estos tiempos de emergencia por la pandemia mundial del COVID-19, se pone a total disposición de pueblo y del gobierno argentino para evitar faltantes de alimentos, garantizándolos a la población bajo sus distintas modalidades de comercialización, manteniendo su compromiso social de abastecimiento, con precios justos para las familias campesinas productoras y para el consumidor final, asumiendo también el deber de hacer donaciones en las barriadas para mitigar el hambre ante desempleo actual; es la misma UTT que toma un nuevo reto, no sólo de comercializar la producción de la organización, sino de controlar uno de los mercados más grandes de Latinoamérica, el Mercado Central de Buenos Aires, uno de los referentes marcadores de precios a nivel nacional; valga su experiencia y sus reclamos históricos, para avanzar en la modificación de estructuras dentro del sistema agroalimentario argentino, y que particularmente en este caso, se refleja en la formación de precios especulativos que somete a los pequeños productores y productoras, campesinos y campesinas de Argentina.


[1] (Union de Trabajadores de la Tierra UTT, 2020). ¿Quiénes somos? Recuperado el 03 de 04 de 2020, de https://uniondetrabajadoresdelatierra.com.ar/quienes-somos/

[2] Soportado en sus 276.581 productores y 15.000 empresas de alimentos y bebidas. Es el primer exportador y tercer productor mundial de aceite de soja, primer exportador y tercer productor mundial de harina de soja, tercer productor y exportador mundial del poroto (grano) de soja; el cuarto productor y octavo exportador mundial de girasol; el onceavo país productor y el séptimo exportador de trigo; el séptimo exportador de carne vacuna, de hecho se estima que en el 2020 será el quinto mundial; el primer productor de limón, el quinto productor mundial de manzanas y el primero de peras en el hemisferio sur, y entre otras, es el tercer exportador y cuarto productor mundial de maíz. En cuanto a lácteos, llega a posicionarse en el segundo lugar de leche cruda de América Latina y el puesto 11 a nivel mundial. Además, del papel que juega en el suministro de materia prima para los biocombustibles.

[3] Argentina en la actualidad posee 23,4 millones de hectáreas sembradas de transgénicos.  Antes del período de autorización de uso entre 1996 – 1997 la superficie sólo alcanzaba unas 100.000 hectáreas.

[4] (Sánchez, Venezuela no es Argentina, 2019) Venezuela no es Argentina. Recuperado el 2019 de 11 de 25, de Alimentos y Poder: csanchezyg.com/2019/08/30/venezuela-no-es-argentina/

[5] FAO. (2019). Panorana de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. Protegerse frente a la desaceleración y el debilitamiento de la economía. Recuperado el 18 de 07 de 2019, de http://www.fao.org/3/ca5162es/ca5162es.pdf

[6] El índice de prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave de la FAO, aumentó vertiginosamente de 8,3 millones de personas entre 2014 – 2016 a 14,2 millones de personas en 2018, durante el gobierno neoliberal de Mauricio Macri.

[7] (Sánchez, Venezuela no es Argentina, 2019)

[8] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República Argentina

[9] (Borrell, 2019) Geopolítica y Alimentos. El desafío de la seguridad alimentaria frente a la competencia internacional por los recursos naturales (1 ed. ed.). Buenos Aires: Biblos.

[10] (Borrell, 2019)

[11] (Borrell, 2019)

[12] (Borrell, 2019)

[13] (Merchán., 2016) Valorización de la Tierra en el Cinturón Hortícola Platense. Disparidad en. Recuperado el 31 de 03 de 2020, de http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/53577/Documento_completo__..pdf?sequence=1&isAllowed=y

[14] Según el Censo Nacional Agropecuario de 1988

[15] (Merchán., 2016)

[16] (Merchán., 2016)

[17] El plan quintero de la UTT, garantiza que a productividad es igual o superior (a partir del segundo año la diferencia es mayor al 20% a favor del planteo agroecológico) y los gastos se reducen en un 80%, en comparación a la producción concional.

[18] Actualmente la UTT cuenta con almacenes minoristas en Almagro, La Plata, Montegrande, Villa Devoto y el mayorista en Avellaneda.

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