Fue Trump quién dejó de comprarle petróleo a Venezuela para doblegarla. No pudo y regresó; y no puede decirse, con el rabo entre las piernas, porque lo hizo con una invasión, bombardeo, misiles, destrucción en zonas militares y civiles, entre ellos, casas, edificios, una universidad, cinco centros de investigación científica (matemáticas, física, química, ecología y tecnología nuclear), infraestructura de almacenamiento con medicamentos de alto costo para pacientes con patología crónicas, una unidad hospitalaria de hemodiálisis, incluyendo, antenas de comunicación, subestaciones eléctricas, puerto, aeropuerto (ver imagen 1, 2, 3), con más de 100 víctimas fatales y 135 heridos; como guinda, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la primera dama Cilia Flores; quemando todos los puentes y quedándole a la mano solo la amenaza militar como método de fuerza para coaccionar a Venezuela, en cualquier proceso de negociación, compulsión y por supuesto, la destrucción.

La coacción: El bombardeo invisible desde el 2014.

Desde 2014, EE. UU dejó a un lado la persuasión, la búsqueda de convenimiento, la creación de intereses comunes, arbitraje o mediación con Venezuela y comenzó un bombardeo invisible en un principio, de la mano de Barack Obama, con aquellos primeros misiles disfrazados de Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) que cayeron sobre la población en todo el territorio nacional y que ascendieron a 1081 al cierre de 2025, ubicando al país como el tercero más sancionado del mundo[1] y configurando a través de los años el bloqueo económico, financiero y comercial, con otras acciones políticas, diplomáticas, militares y de propaganda mediática hegemónica descomunal, para construir relatos que permitieran atacar constantemente al líder de la Revolución Bolivariana en el ámbito internacional y nacional, con el objetivo de imponer un cambio de régimen a fin a la política exterior estadounidense. El narcotráfico fue ese último relato para la invasión (ver imagen 4).

Imagen 4. Nota The New York Times del 6 de enero de 2026.

Como siempre y desde 1947 con la era Truman, la democracia, la libertad y los derechos humanos fueron la justificación inaugural para atacar a Venezuela, donde los gobiernos intervencionistas de la Casa Blanca de Obama, Trump y Biden contaron a lo interno con una élite antinacional y antipatriota para cumplir sus objetivos, iniciando un proceso de desestabilización a través de la construcción de escenarios de crisis desde 2014.

Primero con La arrechera de Capriles, después, con la Salida violenta de Leopoldo López, luego con las Guarimbas más virulentas del 2017, dónde opositores al gobierno y seguidores de los lideres de la oposición venezolana que involucionó al tipo extremista, violento, fascista: quemaron, degollaron y destriparon personas por parecer chavistas y por no acoplarse al plantón que estos impusieron en algunas zonas del país donde obtuvieron alcaldías y gobernaciones.

A la par, la construcción de una crisis alimentaria que evolucionaron a humanitaria con el eslogan “creada por el hombre” para acusar al presidente Nicolás Maduro de ella y que en nombre de la comunidad internacional se avalara una intervención militar disfrazada de humanitaria, de hecho, se intentó por la fuerza en 2019.

Ese mismo año, se probó con el autoproclamado y fracasado Juan Guaidó, también de la mano de Trump, quién en 2020 en medio de la pandemia por la Covid-19 desplegó hasta en sus últimos días de gobierno e incluso, después de perder su reelección ante Joe Biden, los primeros pasos del bloqueo naval de ese entonces, para evitar que buques con combustible y aditivos importados por Venezuela, llegaran al país.

De hecho, 4 tanqueros fueron tomados por la fuerza en 2020 con 1 millón de barriles de combustible y subastados en 2021 en EE. UU.

Fueron los primeros pasos de la piratería sobre cargueros petroleros que en 2025 no llegaban a Venezuela, sino que salían con petróleo del país, a través de un despliegue militar flagrante autorizado por Trump desde mediados de año que pasó de solo bloqueo económico a naval, bajo la fachada de la lucha contra el narcotráfico.

El quiebre fue el fallecimiento del comandante Hugo Chávez, con el cual, EE. UU. proyectó el fin de la Revolución Bolivariana, cosa que no sucedió, ni sucede aún, identificando como su principal problema la insurgencia en el poder de Nicolás Maduro, un obrero, conductor de autobús que ha demostrado con los años, aptitud de gran estadista ante la potencia norteamericana, siendo este liderazgo un componente esencial para la constitución de poder nacional.

De país petrolero a primera reserva mundial con la Revolución Bolivariana.

Con Venezuela, el fin estratégico y geopolítico es lógico y evidente, aunque todavía hay quienes quieran seguirlo negando: el gran reservorio de petróleo, certificado así, a partir del año 2010 de la mano de la Revolución Bolivariana. De lo contrario, no se estuviera hablando del país como la primera reserva mundial de petróleo.

Antes, bajo la llamada Apertura petrolera, que no era más que la privatización de toda la industria nacional en la época neoliberal de los años noventa, las reservas venezolanas de petróleo convencional rondaban los 75.000 millones de barriles (MMB), las cuales ascendieron en 2006 a 87.324 MMB, en 2007 a 99.377 MMB, pasando a 296.500 MMB al 2010[2], superando a Arabia Saudita y aumentando el interés geopolítico de Venezuela y su posicionamiento estratégico no sólo en Suramérica, sino en el mundo[3].

Haciendo que aquel reservorio estimado de 235.000 millones de barriles (MMB) catalogado como bitumen bajo el control principalmente de la Exxon Mobil hasta entonces, fueran certificadas como petróleo convencional. Situación que solo fue posible bajo el control soberano de la industria petrolera venezolana.

PDVSA. La quinta empresa petrolera más grande del planeta hasta 2014.

Hasta el 2014, “la explotación de petróleo en Venezuela alcanzaba un total de 2 millones 899 mil barriles diarios, así como 4 millones 818 mil pies cúbicos diario de gas natural neto, a través de 18.516 pozos activos, 324 taladros, 2.444 yacimientos, 3.022 km de oleoductos principales en 264 campos petroleros, soportados en una capacidad de refinación de 2.822 MBD” [4], cuyo impacto era extensivo a toda la economía nacional.

De esa capacidad de refinación, solo 1303 se hacían en el territorio nacional, el resto se procesaba a través de la empresa venezolana CITGO, ubicada en EE. UU. y que con la Orden Ejecutiva de Trump 13.808 de 2017 y 13.857 de 2019 para imponer a Juan Guaidó como presidente interino en el país, autoproclamado desde aquella tarima en una plaza cualquiera en Caracas, despojó a Venezuela, limitando este proceso a la industria petrolera y, por consiguiente, los ingresos nacionales.

La capacidad petrolera le dio a Venezuela a través de PDVSA, la posición de sexto mayor productor de petróleo del mundo hasta 2014 y la quinta empresa más grande del planeta.

Mostrando la importancia de la empresa nacional no solo a nivel local, sino regional y mundial en el marco de la competencia internacional por recursos naturales estratégicos.

Mientras todos los procesos de explotación se realizaban bajo la Ley de hidrocarburos aprobada en el año 2001, que también desató un golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez, principalmente porque aumentaba la mayoría accionaria del país del 30 al 60 %, el aumento de las regalías del 1 al 33 % y, el impuesto sobre la renta del 34 al 50 %, constituyéndose en los beneficios directos que gozó toda la población venezolana hasta el 2015.

Habían más de 40 empresas mixtas petroleras y gasíferas con PDVSA.

Iniciado el Siglo XXI, Venezuela dejó atrás la privatización de su industria del petróleo y desarrolló un proceso de migración bajo la concepción de una nueva política de soberanía petrolera que permitía la explotación conjunta con compañías de varios países (Ver imagen 5), con ello, la conformación de 47 empresas mixtas al año 2014 entre PDVSA y: Shell, Chevron, Hocol, Ehcopeck, CIP, Perenco, CNPC, Inemaka, Suizum, PFC, DZO, Petrobras, Williams Inter Oil & Gas, SEPCA, Gazprom, Repsol, ENI, Sinopec, INE Oil & Gas INC, ONGC, TOTAL, StatoilHydro, C. Nacional Petrolero, Petrovietnam, BP, Rosneft, Indoil Netherlands B. V., JVC, Suelopetrol, CGC, BPE, KNOC, OPEN, Teikoku, así como otorgamiento de áreas para cuantificación y certificación de reservas con Vinccler, Cupet, CNOOC, Petronas, Galp Energy, Belarusnetf, Lukoil, Jogmec, TNK, Petroecuador, ENAP, Enarsa, ANCAP, Petropars, Reliance, a las que se fueron incorporando Halliburton, Schlumberger, Maurel & Prom, entre otras.

Imagen 5. Empresas petroleras que operaban en Venezuela antes de la imposición de MCU.

Todas estas empresas de: Estados Unidos, Rusia, China, Irán, Francia, España, Países Bajos, Noruega, Portugal, Italia, Vietnam, Bielorusia, Malasia, Vietnam, Japón, Sudáfrica, India, Cuba, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia y hasta Perú.

Y si la ExxonMobil o ConocoPhillips, no están en esta lista, fue porque se negaron a migrar a la nueva política petrolera venezolana, quienes terminaron retirándose del país y demandando a PDVSA.

Sin embargo, esta no fue razón para que EE. UU. suspendiera completamente las importaciones de petróleo desde Venezuela, las cuales comenzaron a reducirse primero, por la caída de la demanda en medio de la recesión económica del país norteamericano generada por la crisis financiera global entre 2007 y 2008 que elevó al más alto nivel el precio del crudo, haciéndolo inestable al alza hasta el 2013 (más de USD 100 el barril) y al mismo tiempo, haciendo vulnerable a la potencia estadounidense por la dependencia energética.

Luego, por la revolución del fracking y el Shale oil, aumentado la producción interna de petróleo que, hasta el Congreso de EE. UU. levantó la prohibición de exportación de crudo vigente desde 1973 y finalmente, porque este llamado boom petrolero estadounidense permitió en 2018 ocupar el primer lugar de productor petrolero del mundo y garantizar su “independencia energética” que pudiera estar en riesgo en el presente, por la ralentización de la producción de esquistos, según la propia EIA.

Fue Trump quien espantó a las empresas petroleras de Venezuela.

Fue Trump quien espantó a las empresas petroleras de Venezuela con su política de sanciones, terrorismo, persecución y guerra económica contra el empresariado nacional e internacional, fue el promotor entre 2016 y 2020 del 80 % de las MCU al país, aumentando su récord en 2025; siendo el foco de estas sanciones la industria petrolera PDVSA, sobre todo después del 2017 para evitar mayores ingresos al país, luego de la recuperación de los precios del petróleo a nivel mundial.

Imagen 6. Exportación de petróleo venezolano a EE. UU. 2000 – 2025 (MBD) Vs. Medidas Coercitivas Unilaterales 2014 -2025.

Fue en la cara del propio Trump, al preguntar este “¿Cuándo saliste de Venezuela? Como empresa”, en la reunión con ejecutivos de compañías petroleras en la Casa Blanca, seis días después del bombardeo a Venezuela que Jeff Miller, CEO de Halliburton afirmó: “Salimos bajo las sanciones en 2019, aunque teníamos la intención de quedarnos y luego, cuando entraron en vigor las sanciones, se nos pidió que nos fuéramos, pero estábamos muy interesados” [5].

Lo que ocultó el CEO de Halliburton es que desde principios de 2018 ya estaban reduciendo activos en Venezuela y como explicaba Christopher Weber, director de Finanzas, era porque además del clima político, las sanciones de Estados Unidos prohibían a inversionistas o empresas estadounidenses adquirir o vender nueva deuda de PDVSA[6].

Por lo tanto, fue Trump quién impidió las importaciones estadounidenses de crudo desde Venezuela y que, como afirma EIA (2024) “cesaron poco después de que Estados Unidos impusiera sanciones a la empresa petrolera estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA)” [7], pensando que con el autoproclamado tendría el control total, cosa que tampoco sucedió.

Sin olvidar a las calificadoras de riesgo que, desde antes de 2019, manipularon el mismo, asociado a las sanciones que comenzaron a aplicarse desde 2014, limitando también el panorama de inversiones petroleras en el país.

El problema de Trump: No colapsó el Gobierno de Nicolás Maduro.

Como se ha explicado en otras oportunidades [8], para la Casa Blanca es vital mantener al país como reserva estratégica para la transición tecnológica y energética del mundo multipolar, claro está, asumiendo a Venezuela en su área de influencia, es decir, en su patio trasero y para la cual, su política de coerción para el cambio de régimen que le permita a EE. UU. acceso libre a los recursos naturales venezolanos, ya era fracasada, identificada en tres puntos claves: no impidió que la nación venezolana utilizara sus recursos de forma soberana, tampoco que diversificara su mercado y menos, limitó a otros actores la compra del petróleo venezolano; al contrario, la impulsó (ver imagen 7).

Imagen 7. Exportaciones por regiones de crudo y productos de petróleo de Venezuela (Mb/d) 2002 – 2024.

Particularmente con el petróleo, mientras EE. UU. no compró un barril, otros actores lo hicieron, ocupando el espacio del negocio estadounidense en Venezuela abandonado gracias a Trump, restando su influencia sobre el país que simplemente dejó de ser satélite petrolero de la potencia norteamericana.

Además, fue el propio Gobierno venezolano, dirigido por Nicolas Maduro que, en medio del asedio, puso en práctica la Ley antibloqueo para el desarrollo nacional y la garantía de los derechos humanos en 2020 para evadir el bloqueo, la cual permitió la adecuación y puesta en marcha de nuevos mecanismos como los contratos de participación productiva, que permitió el aumento de la inversión y de la producción petrolera que alcanzó más de 1.1 millones de barriles diarios en 2025, cuyo modelo exitoso se aplicó en el trabajo conjunto con Chevron y se estima incorporar en una reforma parcial de la Ley de hidrocarburos en 2026. En resumen, sigue teniendo la Venezuela bolivariana el control soberano de su petróleo.

Y finalmente, el mayor fracaso se expresa en el no colapso del Gobierno nacional que, por el contrario, hizo crecer la economía venezolana desde el 2021 y durante cinco años consecutivos en medio del bloqueo, liderando el crecimiento regional en los últimos 3 años y cerrando el 2025 en 8,5 %, demostrando altas capacidades para la recuperación económica del país a pesar de EE. UU.

La destrucción: Trump y la construcción de su salida honrro-ro-sa ante el fracaso.

Ante este escenario de una Venezuela renacida tuvo Trump que construirse una salida honrosa-horrorosa ante el fracaso de EE. UU. durante más de una década y que involucra a tres presidentes de la Casa Blanca, incluyéndolo a él en dos oportunidades, que literalmente, no han podido doblegar a la Venezuela liderada por el presidente Nicolás Maduro.

Una salida que Trump quería adelantar desde 2017 para, como lo había reafirmado en 2023, quedarse con todo ese petróleo que Biden le compraba a Venezuela desde 2022 con el otorgamiento de las licencias, principalmente a Chevron y que entraron en vigor en 2023.

Y finalmente, fue su secretario de Energía Chris Wright, quien lo volvía a ratificar en 2025 como lo habían hecho otros tantos voceros de la Casa Blanca en años anteriores: “el presidente Trump quiere usar la fuerza de los Estados Unidos o la independencia energética para forzar un cambio en Venezuela”[9]

Una batalla táctica operacional a favor de Trump que hubiese sido imposible si no entra con todo el aparato militar de forma desproporcionada, ilegalmente, sin aval de su propio Congreso, dejando moribundo el derecho internacional y violando la soberanía de Venezuela, para evitar reconocer su fracaso o error al ensañarse contra el modelo político venezolano y ante lo que pudo verse como una vergüenza, humillación o sumisión que lo mostrara derrotado frente a Nicolás Maduro.

Cuyos planteamientos de negociación ya había divulgado públicamente en muchas oportunidades el presidente venezolano, incluso el 01 de enero de 2026 cuando volvió a afirmar que:

“el gobierno de EE. UU lo sabe, porque se lo hemos dicho a muchos de sus voceros que, si quieren conversar seriamente de un acuerdo de combate contra el narcotráfico, estamos listos. Que, si quieren petróleo de Venezuela, está lista Venezuela para inversiones estadounidenses como con Chevron, cuando quieran, donde quieran y como quieran. En EE. UU. deben saber que, si quieren acuerdos integrales de desarrollo económico, también. Es que lo hemos dicho una y mil veces” [10].

Sin embargo, Trump decidió quemar los puentes, quedándole a la mano la amenaza militar de un segundo, tercero o cuarto ataque a la población venezolana para seguir coaccionado y, por supuesto, extendida a todo el liderazgo de la Revolución Bolivariana, que incluye, además, a la presidenta encargada Delcy Rodríguez con la cual, negocia bajo los estándares que le había planteado el presidente que ha secuestrado, pero con el que su personalidad irracional, fundamentalista, religiosa, derechista, racista, xenófoba, reaccionaria, fascista, expansionista e imperialista le impidió llegar a un acuerdo diplomático para no mostrarse humillado.

Planteamientos finales:

Ante este escenario no solo nacional sino global, tiene la Revolución Bolivariana la tarea más transcendental que le ha tocado, evitar la guerra y mantener la paz a toda costa como lo ha hecho en otras oportunidades, para garantizar la existencia de la población y, por ende, de la nación, que es el escenario de destrucción al cual quiere EE. UU. llevar a Venezuela, al dejar como su única opción bajo la manga la invasión militar que incluiría en todo sentido, el intento de ocupación por la fuerza, para imponer así, el cambio de régimen.

Para EE. UU., partir al país en varios pedazos es evitar un conflicto bélico de resistencia prolongada que, para ellos, siempre han perdido, aunque dejando a los países destrozados después de años de ocupación, por lo tanto, debe querer confinarlo, evitando que este se extienda, siendo al mismo tiempo su debilidad: que se encienda su patio trasero y las llamas aceleren su declive en medio de la emergencia del mundo multipolar, que reconoce ha surgido.

En consecuencia, quedándole el ejercicio de la fuerza militar, cuando su poder económico ya no es suficiente para contener y demostrar que puede quedarse con una parte del pastel global, y con ello, mantenerse como un polo de poder en este mundo emergente, ante China y Rusia, con los cuales, compite desde la irracionalidad geopolíticamente.

Y finalmente, vuelve la competencia internacional por los recursos naturales estratégicos ha exacerbarse, bajo la lógica imperial de saqueo, donde solo con el acceso a ellos, de forma barata, libre, confiable y segura le permitirá mantener a EE. UU. su estatus de crecimiento, desarrollo y consumo, que se traduce en influencia geopolítica para él y sus aliados, tanto en escenarios de conflicto bélico como diplomático, mientras garantiza su seguridad nacional.

PD:

A principio de 2021, al analizar ¿cómo había operado el bloqueo en Venezuela en 2020? afirmamos que el escenario de evidente victoria bolivariana en ese año complejo y cruzado por la pandemia, pero que sin duda, había superado el super asedio del primer gobierno de Donald Trump, no suponía el fin del conflicto, al contrario, advertíamos que posponerlo o evitarlo como propósito de la estrategia, ha sido de constante aplicación por el poder imperial estadounidense cuando sale derrotado para mantenerse a la espera de una mejor oportunidad para avanzar.

En este caso, le toca a Venezuela, la cual solo ha perdido una batalla militar operacional, mientras en lo estratégico puede seguir obteniendo sus objetivos propios, al mismo tiempo que gana libertad de acción, requiriendo lo que la presidenta encargada ha llamado prudencia y paciencia estratégica, porque hay algo que debe quedar bien claro, el cambio de régimen que quiere Trump, todavía no lo ha logrado.


[1] (Observatorio Venezolano Antibloqueo, 2026) 2025 Cierra con 1081 MCU contra Venezuela.

[2] (OPEP, 2011) Annual Statistical Bulletin. Obtenido de https://www.opec.org/assets/assetdb/asb-2012.pdf

[3] (Sánchez & Jiménez, 2014) Posicionamiento de Venezuela como potencia energética mundial. La Revista de la Escuela Superior de Guerra «Tte Grl Luís MarÍa Campos, págs. 131 – 143.

[4] (Sánchez Guevara, 2023) Geopolítica y colonización alimentaria.

[5] CEO de Halliburton en reunión con el presidente Donald Trump y ejecutivos de empresas petroleras después del bombardeo a Venezuela en la Cass Blanca el 09/01/2025.

[6] (Banca y Negocios, 2018) NYT: Halliburton y el colapso de la industria petrolera en Venezuela. Obtenido de https://www.bing.com/newtabredir?url=https%3A%2F%2Fwww.bancaynegocios.com%2Fnyt-halliburton-y-el-colapso-de-la-industria-petrolera-en-venezuela%2F

[7] (EIA, 2024) Venezuela. Obtenido de https://www.eia.gov/international/analysis/country/ven

[8] (Sánchez Guevara, La ambición energética de EE. UU en Venezuela, 2025) Obtenido de Alimentos Y Poder: https://alimentosypoder.com/2025/11/07/la-ambicion-energetica-de-ee-uu-en-venezuela/

[9] En entrevista con el Canal Fox News el 11/05/2025.

[10] (TeleSur, 2026) Entrevista exclusiva de Ignacio Ramonet al presidente Nicolás Maduro. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=yHk8vazoJIk

Deja un comentario

Tendencias