¿AZÚCAR O EDULCORANTE? HABLEMOS DE LA STEVIA O KA’A HE’E

La explotación del conocimiento de los países periféricos

Más que hablar sobre la Stevia, investigar sobre esta planta milenaria, endulzante y originaria de Paraguay, específicamente de la Cordillera de Amambay, Mato Grosso, en la frontera con Brasil, fue exactamente lo que hizo Santiago Liaudat, docente de la Universidad Nacional de La Plata – Argentina, de cuya investigación publicó el libro titulado “Stevia: conocimiento, propiedad intelectual y acumulación de capital”[1].

En este, realiza un recorrido por la historia de la Stevia, desde el colonialismo, las operaciones encubiertas de espionaje científico con relación a la planta, y la disputa entre los países centrales y periféricos por su desarrollo.

Con la Stevia, grafica un ejemplo más, sobre la competencia mundial que existe por los recursos naturales, particularmente con aquellos relacionados a la alimentación, y en este caso, cómo la biodiversidad juega un rol de importancia estratégica en esta disputa. Pero, además, incorpora un elemento de dimensión no ponderada en las relaciones internacionales, en la cual, los principales países copian, utilizan, se apropian y explotan los conocimientos populares, tradicionales, ancestrales, así como los esfuerzos científicos y tecnológicos, generando en consecuencia la piratería de la riqueza del saber de los países periféricos. Aquí, extraigo algunos elementos resaltantes de este trabajo, con relación a los alimentos y el poder.

La Ka’a He’e paraguaya: de la periferia al centro

La Stevia o Ka’a He’e en lengua guaraní, es una planta con poder endulzante, ancestralmente utilizada por los indígenas guaraníes, los cuales tenían el conocimiento básico sobre su extracción y uso, vinculado a su cosmovisión y creencias, hasta que la ciencia occidental tomó contacto con esta a finales del siglo XIX y comenzó otra historia.

En esta segunda etapa, se inician los primeros intentos por explotar comercialmente la planta, así como, la transferencia de lo local a lo universal, de la periferia al centro, de la lengua periférica a la lengua dominante. Más específicamente a los grandes centros imperiales de la época como Alemania, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos en la disputa por el poder mundial y donde termina imponiéndose el país norteamericano como la primera potencia del mundo.

Entre los intentos de explotar la planta en las primeras dos décadas del siglo XX, se encuentra la fallida evaluación que hicieran durante la Primera Guerra Mundial las Fuerzas Armadas del Reich, particularmente por la dificultad de acceso en el contexto de la guerra, a las regiones donde se desarrolla edafoclimáticamente el cultivo, y cuyo fin era suministrar té de mate endulzado con Stevia para proveer a las tropas en el frío nórdico.

Gran Bretaña, hizo lo propio durante la Segunda Guerra Mundial, en medio del bloqueo submarino que les impusiera Alemania a las islas británicas, con la consecuente situación de escasez de suministros básicos a su población, en este caso Churchill, evaluaba sustituir el azúcar por la Stevia. Estudios que iniciaron en 1941 los Reales Jardines Botánicos de Kew, para impulsar la producción industrial y es donde “confirman” que la Ka’a He’e es adecuada para el consumo humano, sin embargo, por las limitaciones tecnológicas, no se concretó.

Incluso se ha dicho que EEUU, también durante la guerra hizo esfuerzos por desarrollar métodos de extracción de los glucósidos de esteviol, en colaboración con Gran Bretaña.

Japón y el registro de las primeras variedades

Hacia 1945 el ingeniero agrónomo Gattoni, director del Instituto Agronómico Nacional (IAN) de Paraguay, sentó las bases para su industrialización, valga decir en una escala modesta.

Para 1962, se realiza la primera explotación económica extensiva de la planta en el mundo, específicamente en Paraguay, por parte del empresario paraguayo De Gasperi. La misma ejecutada con mil ejemplares de la planta que fueron extraídos del Cerro Kuatiá, territorio de las comunidades indígenas Pa’i Tavy Terã, mediante el intercambio de alimentos y otras provisiones.

Con ello, agrónomos y fitomejoradores en estaciones experimentales, invernaderos y viveros, y químicos y biólogos en los laboratorios paraguayos, lograron domesticar la Stevia rebaudiana, la Ka’a He’e silvestre, en 70 hectáreas; y a partir de aquí, el inmediato proceso de exportación de las hojas enteras y trituradas a Brasil, Argentina, Japón y otros países.

Así comienza el proceso de privatización de la planta y de los conocimientos relacionados a esta, aunque existían planteamientos con visión de desarrollo, en la cual estaba el propio empresario, sobre la necesidad para Paraguay de no exportar la hoja en bruto, sino procesada e industrializada como esteviósido; y debía el Estado paraguayo ponerse al frente de una estrategia comercial basada en el procesamiento de la Stevia a nivel nacional.

En este punto, se inicia la explotación de los conocimientos y la expropiación material de las variedades, tanto por intereses extranjeros como nacionales. En este caso, el registro de las primeras variedades P.J. Suzuki, Kakehashi, Hoten y Seiten, todas fueron desarrolladas en Japón en la década de 1980; incidiendo en el desvanecimiento del esfuerzo local con el aprovechamiento de otros actores. Fuga que también se realizó hacia Brasil. Todo esto hace que hoy en día la Ka’a He’e esté en peligro de extinción en Paraguay.

La inclusión de Japón en esta disputa entre los años 60 y 70 coincide con la prohibición del consumo de edulcorantes sintéticos en el país, los cuales provenían principalmente de Estados Unidos, comenzando la búsqueda de opciones sustitutivas, donde surge la Stevia como una ellas; y con mayor capacidad científica, tecnológica y de capitales de sus fuerzas productivas, comienza la explotación masiva de los conocimientos y de la expropiación vegetal de la planta para el análisis, desarrollo y fines comerciales.

En poco tiempo, se instala la Stevia en Japón, Corea del Sur y otros países asiáticos, como un producto de importancia comercial, que se mantiene hasta ahora, siendo los mercados orientales los principales del mundo.

La CIA y la primera patente sobre la planta milenaria

Con la aparición de la propiedad intelectual de los años 60 y 70, y el inicio de la titularización de los conocimientos, es que ocurre concretamente la explotación de estos, y en el caso de la Stevia, las circunstancias que rodearon la primera patente en el año 1973 tienen rasgos interesantes.

Pues, es la empresa estadounidense Amazon Natural Drugs Company (ANDCO) con sede en la triple frontera entre Perú, Brasil y Colombia, en la ciudad de Leticia, la que realiza la primera patente alrededor de la Stevia rebaudiana; que según diversos investigadores, la compañía fundada en 1966, era una empresa pantalla del polémico programa de investigación MK Ultra y MK Search de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, que perduró por casi 20 años, consistente con el período de la segunda posguerra, donde esencialmente se experimentaba en seres humanos de Estados Unidos con diferentes drogas alucinógenas y otros productos.

Y aunque la primera patente la intentó Pfizer, esa no obtiene éxito, y es entonces la empresa ANDCO, relacionada con la CIA en el Amazonas, la de mayor importancia.

En este entonces, Joseph Caldwell King, fungía como el presidente de la Amazon Natural Drugs Company, desde el día siguiente de haber renunciado a la CIA; el mismo responsable de la Agencia estadounidense para todo el hemisferio occidental durante 20 años, mandato bajo el cual, se llevó a cabo el golpe de Estado en Brasil y la invasión a Cuba en Playa Girón.

EEUU: entre el aspartamo y la Stevia

El momento en el cual se intenta ingresar la Stevia al mercado de EEUU, estaba en plena efervescencia el comercio del aspartamo de la NutraSweet, que hasta el año 2000 perteneció a Monsanto; el mismo, que la FDA había prohibido durante los años 70, por considerarlo no saludable para consumo humano, hasta que Ronald Reagan asume la presidencia  en 1981 y Donald Rumsfeld, presidente de la empresa propietaria del sintético hasta ese entonces,  se convierte en miembro del gabinete, lográndose finalmente la aprobación. Esto, hace que la Stevia sea prohibida, incluso tener una planta, era considerado un delito.

Estas acciones llevadas a cabo en EEUU hacen que la Stevia, sea comercializada durante los años 80 y 90, con propiedad intelectual en el oriente, particularmente en Japón y Corea del Sur quienes controlaban la tecnología, mientras China comienza a ser manufacturera; y por el otro lado, Paraguay, de donde es originaria la planta, no tiene posibilidades de exportación.

Lo que impulsa a Japón a cultivar sus plantas en una región del Sur de China, cuyas condiciones de clima y suelo, son parecidas al Paraguay; y en 1982 el decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Tokio, en una visita a Asunción invitado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería, informaba que nada de la Stevia consumida en su país, era de origen paraguayo. Lo que hacía al país suramericano, convertirse en exportador de materia prima, sólo para la industria brasilera de Stevia.

Cuando EEUU decide abrir el mercado de la Stevia, entran en juego otros actores representados en organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), para aprobar el consumo mundial de la Ka’a He’e.

Para ello, se eleva al Comité Mixto de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), administrado conjuntamente por FAO y OMS, el cual discute los patrones de sanidad y establecen recomendaciones que luego, las agencias nacionales de los diferentes países generalmente aprueban siguiendo esa normativa.

Esta negociación que se lleva a cabo, supuestamente bajo un discurso científico tecnológico, se constituye finalmente en una puja de poder que, en el caso de la Stevia, perduró durante años, desde 1998 hasta el 2007, cuando finalmente se resuelve permitir su consumo, pero sólo si se procesa a un altísimo grado de refinamiento y purificación, que dejó por fuera, a Paraguay por no contar con la alta tecnología requerida para ello.

Conllevando finalmente, a que las pocas empresas de procesamiento y refinamiento paraguayas, para alcanzar el nivel de pureza exigido, recurrieron a alianzas, inversiones de capital extranjero y ventas que condujeron a una rápida extranjerización del proceso de la Ka’a He’e, que finalmente quedó bajo control directo e indirecto del capital transnacional.

Y el dominio de la manufactura por las transnacionales, terminó subordinando también al sector primario, incluso se cerraron fábricas, y el fenómeno también propició el abandono del cultivo de la Ka’a He’e por muchos campesinos.

Resolución que también afectó a Brasil, en un momento donde era un importante productor de Stevia, sin embargo, tampoco pudo alcanzar el grado de pureza exigida.

Los ganadores indiscutibles, las grandes transnacionales alrededor de la Ka’a He’e.

Planteamientos finales:

En lo concreto, con esta acción, Liaudat afirma que, “significó en los hechos la colocación de una barrera tecnológica muy alta que sólo podían satisfacer grandes compañías de los países centrales”, al momento que “el organismo técnico estableció la barrera y patrón tecnológico, que dejó la manufactura de todo el mundo a merced de los pocos actores que tienen el monopolio sobre el conocimiento”.

Más aún, “es la FDA de Estados Unidos quien termina aprobando el consumo, estableciendo los mismos patrones y reproduciendo un efecto dominó, en el cual los organismos del resto del mundo van atrás de la normativa norteamericana, y con ello, mostrando la lógica del nuevo colonialismo científico, con plena vigencia hoy en día”.

En resumen, con el caso de Ka’a He’e, llama a desarrollar una comprensión adecuada de las dinámicas del capitalismo global y sus manifestaciones específicas en las regiones periféricas en lo económico, político y cultural, como un tema central para no caer en falsas ilusiones ni reproducir recetas del desarrollo que nos conducen una y otra vez al fracaso, imponiendo la necesidad de pensar con cabeza propia, desde nuestro contexto.

Finalmente, con esta investigación, se demuestra nuevamente, que existe la competencia internacional por los recursos naturales, cuya disputa en relación con los alimentos, no sólo es por tierra, agua, petróleo o gas, sino que la biodiversidad juega un papel preponderante, desde tiempos coloniales, con estrecha relación e influencia sobre la producción de alimentos, la alimentación y los patrones de consumo en el mundo; en cuya carrera, además se compite por la explotación de los conocimientos tradicionales, ancestrales, populares y de la investigación científica y tecnológica desarrollada en los países periféricos.


[1] (Liaudat, 2021) “Stevia: conocimiento, propiedad intelectual y acumulación de capital” (1a ed. ed.). Buenos Aires: Prometeo Libros.

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