LOS NÚMEROS QUE LA FAO NO PUDO SEGUIR OMITIENDO
Este artículo propone una lectura política y documentada sobre la reducción sostenida del hambre en Venezuela, a partir de los datos publicados por la FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS en El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 – Comprendiendo y abordando el alto costo de una dieta saludable, conocido como SOFI 2026 por sus siglas en inglés. A partir de esos indicadores, se examina cómo la recuperación alimentaria venezolana se produjo en medio de Medidas Coercitivas Unilaterales, restricciones económicas y una disputa internacional por el sentido de la crisis, al tiempo que se reivindica el papel de las políticas públicas antibloqueo, la organización popular, los actores productivos y la defensa del derecho humano a la alimentación.
EL SOFI 2026 y la disputa por el sentido del hambre.
La información del SOFI 2026 resulta relevante porque, según la totalización del Observatorio Venezolano Antibloqueo, sobre Venezuela se han impuesto 974 Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) restrictivas y punitivas desde el 2014 y hasta 2024 y, justamente durante 2025, se aplicaron 107 MCU adicionales, para totalizar 1081 al cierre de ese año[1].
MCU que, después de doce años ubican a la República Bolivariana de Venezuela entre el quinto y sexto país más sancionado del mundo.
Las MCU y el impacto sobre el sistema agroalimentario venezolano.
En este contexto de bloqueo económico financiero y comercial como parte de una guerra no convencional para imponer un cambio de régimen en Venezuela, las MCU incidieron de manera acumulativa sobre el sistema agroalimentario, especialmente durante los años de mayor intensificación de estas[2], afectando la base energética, la disponibilidad de insumos, la producción agrícola y agroindustrial, las importaciones, el abastecimiento, la disponibilidad calórica y proteica, y los indicadores de subalimentación, cuyo deterioro alimentario fue acompañado por una narrativa internacional de “crisis alimentaria” y “crisis humanitaria” que tendió a desvincular sus causas de la coerción externa y a presentar el fenómeno de la reaparición del hambre en el país – superado desde 2006 – como resultado exclusivamente interno[3].
Políticas antibloqueo para la seguridad y soberanía alimentaria
Es frente a este escenario que el Estado venezolano fue configurando y poniendo en práctica un entramado de políticas públicas alimentarias antibloqueo orientadas a proteger la producción nacional, sostener mecanismos de distribución y acceso, reconfigurar la gobernanza económica-productiva y crear instrumentos jurídicos de defensa frente al bloqueo[4].
Entre ellas destacan la Gran Misión AgroVenezuela y otros planes sectoriales para el sostenimiento y recuperación de la producción nacional; los CLAP, orientados a la contención social y acceso directo a los alimentos; el sector pesquero y acuícola, entendido como experiencia territorial de resistencia alimentaria; los Motores Productivos, concebidos para la gobernanza y articulación del sistema agroalimentario; e instrumentos de protección jurídica, entre ellos, la Ley Constitucional Antibloqueo, que permitieron reorganizar capacidades en condiciones extraordinarias.
No obstante, se reconoce que dichas políticas no eliminaron por completo las vulnerabilidades estructurales del sistema agroalimentario venezolano asociadas a la dependencia de insumos importados, brechas tecnológicas, asimetrías territoriales y las restricciones financieras persistentes.
Sin embargo, no pueden interpretarse como una normalización espontánea o simple resultado de ajustes coyunturales, pues constituyen una expresión concreta de la capacidad de resistencia nacional edificada en medio del asedio que concretamente contribuyeron a evitar una ruptura sistémica, sostener funciones esenciales, contener impactos sociales y generar condiciones para una recuperación alimentaria parcial y estratégicamente significativa al 2025.
Una recuperación alimentaria estratégicamente significativa al 2025.
Esta recuperación alimentaria debe entenderse en primer lugar, sobre la base de una estabilización parcial de la plataforma energética nacional, indispensable para el funcionamiento del sistema agroalimentario venezolano, con el aumento de las exportaciones petroleras que en 2024 ya se habían incrementado en 281 % en comparación con 2020 (el año de mayor contracción) y con ello, la contención y recuperación parcial de la producción y consumo de los derivados del petróleo a lo interno del país. Un ejemplo de ello, la estabilización del suministro de gas doméstico o el combustible.
En segundo lugar, la disminución sustancial de la variación anual porcentual del alto Índice Nacional de Precios al Consumidor al reducirse del 1000 % en 2018 a 40,9 % en 2024. De hecho, en el 2025 se evidencia como el recrudecimiento del asedio al país, impactó nuevamente en el INPC (ver imagen 1).

En cuanto a la producción primaria nacional de alimentos se recuperó a niveles de los 22 millones de toneladas métricas en 2025. Ello, junto con la recuperación parcial de la capacidad agroindustrial alimentaria, que ascendió a 43,86 % entre 2020 y 2025/junio (CAVIDEA, 2025).
Se restableció, sostuvo y superó los niveles históricos de abastecimiento en Venezuela hasta el 99,5 % al 2025[5] (ver imagen 2). Además, restituyendo las reservas estratégicas de alimentos en el país hasta los 101 días al cierre 2025.

Aumentó la disponibilidad de alimentos (g/per/día) en 31 % entre 2020 y 2024 a punto de alcanzar la media global; mientras se incrementó en 34 % las calorías disponibles (Kcal/per/día) entre 2016 y 2024, superando la disponibilidad de energía alimentaria a niveles antes del bloqueo con 3.103 Kcal/per/día y superando el promedio mundial (MINPPAL, 2025) y (FAO, IFAD, UNICEF, WFP y WHO, 2020).
En términos económicos, se expresa en la recuperación y sostenimiento del crecimiento del PBI agrícola nacional a partir de 2021, hasta alcanzar una variación anual superior a 6 % en 2024 (BCV, 2026), expresando mejores niveles de gobernanza del sistema agroalimentario venezolano en condiciones de asedio. Ver imagen 3.

Los datos que incomodan: la disminución contundente del hambre en Venezuela desde 2023.
Es a la luz de esta recuperación alimentaria que ya la FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS habían comenzado a reconocer en su informe SOFI 2025[6] el retroceso del Índice de Prevalencia de Subalimentación (IPS) o hambre en Venezuela entre 2022 y 2024 a 5,9 %.
Lo que hace la FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS en SOFI 2026, es confirmar la persistencia de la disminución del Índice de Prevalencia de Subalimentación (IPS) a 5,3 %, equivalente a 1,5 millones de personas afectadas por el hambre en el país, representando un retroceso de 18,7 puntos porcentuales o 78 % entre el trienio 2018 – 2020 (años de mayor afectación de las MCU) y el período 2023 – 2025 de recuperación económica, aun con sanciones. Entre tanto acercándose a niveles de IPS de los años 2006 – 2008 cuando Venezuela salía del mapa del hambre (ver imagen 4).

Además, junto a la actualización de FAOSTAT 2026, realiza ajustes a los IPS de los trienios (años): 2019 – 2021 donde refleja que este no era 21,6 % sino 18,1 %; (años) 2020 – 2022 indicando que no era 17,5 % sino 12,8 %; siendo más resaltante (años) 2021 – 2023 (publicado en SOFI 2024[7]) revelando que no era 17,6 % sino 7,2 %[8]. En este último caso, nada más que -10,4 puntos porcentuales que había logrado Venezuela en la reducción del hambre desde 2023, sin reconocérsele en estos organismos multilaterales (ver imagen 5).

Imagen 5. Índice que Prevalencia de Subalimentación (IPS) o hambre en Venezuela reportado por FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS en SOFI 2024 de 17,6 % de la población y que en FAOSTAT 2026 (asociado al SOFI 2026) ajusta a 7,2 %, indicando la disminución de -10,4 puntos porcentuales de hambre en el país desde 2023) sin reconocerlo hasta ahora.
Por supuesto, reafirmándose que el IPS del trienio (años) 2017 – 2019 reportado en el SOFI 2020 con relación a Venezuela tampoco fue de 31,4 %[9] sino 23,4 %, contrastando en FAOSTAT 2026 una diferencia de ocho (8) puntos porcentuales por lo cual, el país nunca debió incluirse en el Reporte Global de Crisis Alimentarias 2020[10] como la cuarta crisis alimentaria más grave del mundo bajo la etiqueta “creada por el hombre”, aun con todas las afectaciones que provocaron las MCU.
Respuesta estatal, resistencia social y derecho humano a la alimentación.
La falta de reconocimiento no fue solo al gobierno nacional del presidente Nicolás Maduro, al cual se le acusó por ciertos sectores nacionales e internacionales constantemente de crear la crisis alimentaria del país, sino a todo un pueblo que se activó bajo el principio constitucional de la corresponsabilidad, articulando la acción del Estado con actores institucionales, productivos y el poder popular organizado en la defensa del derecho humano a la alimentación frente a la coerción externa para la respuesta estatal, la resistencia social y la recuperación alimentaria.
Acciones alimentarias para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria, que no solo sirvieron a la necesaria recomposición de los indicadores de producción y alimentación de la población afectados por el bloqueo. En términos de contención estratégica es el aumento de las capacidades de respuesta en el sorteo de las restricciones externas, además, permitiendo una reconfiguración parcial del sistema agroalimentario venezolano para el sostenimiento, reactivación y recuperación de los estabones del mismo y finalmente, con un impacto organizativo, social, territorial en la territorialización y gestión compartida que multiplicó por miles la capacidad del Estado venezolano para resistir el asedio internamente y desarmarlo; quedando sobre la mesa la opción militar para alcanzar los objetivos estratégicos de quién impuso las MCU.
Esta recuperación alimentaria que hoy reconocen la FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS evidencia una trayectoria iniciada desde 2023, hace tres años, en el marco de las políticas públicas impulsadas por el Estado venezolano bajo el liderazgo del presidente Nicolás Maduro y con él, la actual presidenta encargada Delcy Rodríguez.
Planteamientos finales: Cuando el hambre deja de ser solo una cifra.
El SOFI 2026 no solo confirma una mejora estadística en los indicadores de subalimentación de Venezuela; también obliga a mirar el hambre como un campo de disputa política, económica y comunicacional. Detrás de cada porcentaje hay años de asedio, políticas públicas de contención, organización popular, recuperación productiva y una batalla por el reconocimiento de las causas reales de la crisis. Por eso, la reducción del hambre más allá de leerse como un dato aislado: es parte de una experiencia nacional de resistencia y recomposición del propio pueblo para garantizarse su derecho humano a la alimentación.
Finalmente, el SOFI 2026 confirma que hay una historia de resistencia victoriosa del pueblo venezolano que está en el territorio y, nadie puede venir a contarla por él, porque él mismo lo hará.
[1] (Observatorio Venezolano Antibloqueo, 2026) (2 de 01 de 2026). 2025 cierra con 1081 Medidas Coercitivas Unilaterales contra Venezuela. Obtenido de https://observatorio.gob.ve/wp-content/uploads/2026/01/INFORME-RESUMEN-MCU-CONTRA-VENEZUELA-2025_Act-2_ENE_2026.pdf
[2] Según la FAO (2020) la subalimentación alcanzó en el año 2019 el más alto nivel (31,4 %). Esto es, en concordancia con la aplicación de la mayor cantidad de MCU ese año (294 MCU).
[3] (Sánchez Guevara, 2021) Operación bloqueo de alimentos a Venezuela. Cambio de régimen o matar a la población de hambre (1era edición ed.). Caracas: Trinchera.
[4] (Sánchez Guevara, 2026) Políticas Públicas Antibloqueo para la Seguridad y Soberanía Alimentaria en Venezuela 2014 – 2025. Caracas, Venezuela.
[5] (MINPPAL, 2025) Balance de la Misión alimentación.
[6] ( FAO, IFAD, UNICEF, WFP and WHO, 2025) The State of Food Security and Nutrition in the World 2025 – Addressing high food price inflation for food security and nutrition. Obtenido de https://doi.org/10.4060/cd6008en
[7] (FAO, IFAD, UNICEF, WFP and WHO, 2024) The State of Food Security and Nutrition in the World 2024 – Financing to end hunger, food insecurity and malnutrition in all its forms. Obtenido de https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/d5be2ffc-f191-411c-9fee-bb737411576d/content
[8] (FAOSTAT, 2026) República Bolivariana de Venezuela – Indicadores Específicos. Obtenido de https://www.fao.org/faostat/es/#country/236
[9] (FAO, IFAD, UNICEF, WFP y WHO, 2020) El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. Transformación de los sistemas alimentarios para que promuevan dietas asequibles y saludables. Obtenido de http://www.fao.org/3/ca9692en/CA9692EN.pdf
[10] (FSIN and Global Network Against Food Crises, 2020) Global Report on Food Crises 2020. Obtenido de https://www.fightfoodcrises.net/sites/default/files/resources/files/GRFC%2520ONLINE%2520FINAL%25202020_1.pdf





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